domingo, 22 de agosto de 2010

No pegar ojo

   Después de intentarlo varias veces y de idas y venidas de los inquilinos de la casa al cuarto de baño, estoy cogiendo el sueño cuando mi amada esposa me despierta para recriminarme, que tanto ella como el niño que compartimos, llevan despiertos varias horas oyéndome roncar, y al parecer, no pueden conciliar el sueño. Tras una breve discusión amistosa, no más de un minuto, llego a la conclusión que he de abandonar la habitación para dejarles descansar y contribuir con ello, al restablecimiento de su salud y descanso por partida doble. Marcho al gran salón cual ciego sin bastón, repleto de oscuridad y objetos que sortear (no atinando a encender el habitáculo para no molestar con la cegadora luz de todas las lámparas, a los inquilinos, que algunos duermen con la puesta entreabierta)...desconociendo como desconozco en la oscuridad qué camino tomar, me voy tropezando aquí o acullá, pues nunca fui ciego del todo. Cuando creo haber llegado al sofá, me dejo caer y decido que por fin descansaré en él, hasta que amanezca o me despierte o lo que suceda primero. Compruebo entonces con mala gana y amargura, que el sofá es de dos plazas, y por tanto, bastante pequeño para dormir estirado cuan largo soy: me cuelgan las piernas y me digo para sí, que me espera una larga nochecita en vela. Por suerte la ventana que está justo por encima, está entreabierta y me alivian las ráfagas de aire fresco, así como un cielo totalmente estrellado y un silencio tan transparente, que puedo ver los sueños de todos y cada uno de los habitantes de la casa. Mirando las estrellas, me pregunto qué importancia tendrá este magnífico paisaje e idílico momento, si lo que deseo realmente, es poder (y dejar) dormir...y no puedo. Entonces, cuando creo estar cerca de poder alcanzar a Morfeo, oigo un ruido que me despierta: mi diosa madre se dirige al baño y enciende la luz del pasillo iluminando parte del gran salón; entonces veo cerca de mí, el ansiado sofá de tres plazas, más propicio como catre, que en el que me encuentro. Aparto toda una serie de objetos, ropa y cosas que no reconozco, para hacerme sitio; en ese momento mi diosa madre, sale del baño y para no parecerle una presencia u aparición espectral, si por mirar al salón le diere, decido esconderme y esperar a que entre en su habitáculo; este momento, me parece cómico y enriquecedor; pues me retrotrae a la infancia cuando jugábamos a esconder...
Sofá de dos plazas. Arriba, la ventana con su paisaje estrellado (sólo de noche)
   Ahora estoy en el catre de tres plazas y sólo me asoman los tobillos; esto es otra cosa. Luego vuelve la situación cuasi calcada a situaciones tan parecidas, y al parecer normales: cuando estás a punto de coger de nuevo el sueño, vuelven los ruidos de puertas y arrastrar de pies por el largo pasillo y siempre como meta a alcanzar el cuarto de baño, tan requerido por las noches estrelladas y viento fresco que ahora, divisaba desde otro ángulo. Esta vez, mi dios padre; que reconocería entre un millón, si por la sinfonía de ruidos que le acompañan, se tratase.
   Todavía, no sé si esto que escribo lo estoy soñando, y en caso de estar dormido, veo a Pablo preguntándome una y otra vez, porqué anoche estuve roncando.

Sofá de tres plazas. Vistas impresionantes de la "Vía Láctea"
                                    

2 comentarios:

  1. Veo que tus problemas para conciliar el sueño son tan notorios como los míos, ni en vacaciones, ni en el silencio y oscuridad más absolutas; tenemos una alta resistencia a abandonarnos al sueño, ve tú a saber por qué. Además en este caso con personas-fantasma deambulando y tratando de hacer el menor ruido posible -sin conseguirlo, por supuesto- es una misión imposible.
    Tomárselo con sentido del humor es lo mejor que se puede hacer,de este modo te relajas y será más fácil conciliar el sueño. También podríamos hacerle alguna ofrenda a Morfeo...piensa.

    ResponderEliminar
  2. Verdaderamente, soy un experto en querer pasar desapercibido, sin ser notado y he de decirte que es diametralmente opuesto a mi propósito y por añadidura, a la mayoría de los individuos (salvando a mi dios padre) que pretendiendo no hacer ruido, consiguen lo contrario. Posiblemente, si pensáramos en actuar de una forma normal, igual lo conseguíamos; pero parece ser que el empeño en no producir sonido alguno, hace que caigamos en lo contrario...y como digo, salvo mi dios padre, que él, queriendo o sin querer, siempre andará con su sinfonía de los ruidos enrededor suyo.Y referente al dios Morfeo, pues es posible que al ser un dios mitológico, sea bastante más certero que el otro gran Dios, del que todo el mundo habla y ninguno conoce (ni creo que llegue a conocer. No me había parado a pensarlo pero estos dioses, son más divertidos y hasta es posible hacer pactos con ellos: esperemos acontecimientos, pues quizá le proponga algo, y quién sabe... Gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar